La mayoría de los cables guardados no tienen un dispositivo al que conectarse hoy. El cajón crece porque cada aparato nuevo añade uno y ninguno se retira cuando el aparato deja de usarse. Antes de comprar un cargador más, vale la pena dedicar media hora a saber qué hay dentro.
La revisión se hace en tres pasos y en ese orden. Primero, identificar el dispositivo de cada cable: si no recuerdas a qué aparato pertenece, ya tienes una pista. Segundo, comprobar si funciona, conectándolo a algo que aún uses. Tercero, decidir si existe un duplicado activo: dos cables idénticos para el mismo enchufe no aportan nada.
Criterios para decidir qué se queda
Los cables que se quedan merecen un lugar único y pequeño, no el fondo de un cajón compartido. Enrolla cada uno, sujétalo con una brida o una goma y escribe una etiqueta con el nombre del dispositivo. Si un cable sirve para dos aparatos, anótalo también. Así, cuando busques algo, sabrás si está o no está.
- Se queda: el cable del dispositivo que usas cada semana y su repuesto inmediato.
- Se queda: adaptadores que resuelven una conexión que aún necesitas, aunque sea de vez en cuando.
- Se suelta: cables de aparatos que ya no tienes, aunque parezcan útiles.
- Se suelta: duplicados del mismo conector sin uso previsto en los próximos meses.
- Se suelta: cables con el aislamiento pelado, doblado en exceso o con el conector flojo.
Los cables que salen no van a la basura común. En muchos municipios hay puntos de recogida para residuos eléctricos y electrónicos donde se reciben sin coste. Si no encuentras uno cerca, guarda lo descartado en una bolsa cerrada y llévala en la próxima salida a un punto limpio.
Al terminar, el cajón debería tener menos de la mitad de lo que tenía al empezar. No hace falta vaciarlo del todo: hace falta que cada cable que queda tenga un motivo y un nombre. La revisión completa no requiere más de media hora, y puede repetirse al cambiar de estación.